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Fabricación de jabón: Método en frío

Debido a la incipiente crisis que está arrasando por nuestro país, lo último que esperan los consumidores es comprar jabón cuando pueden fabricarlo ellos mismos, ¡y sin tener que gastar una fortuna en ello! Hoy os traigo el método del jabón en frío: cómo fabricarlo.

Si te sobra aceite doméstico que has usado y no sabes qué hacer con él, no lo tires. Sirve perfectamente para fabricar jabones. Además del aceite, necesitarás la sosa, una palangana, y una cuchara de palo. El jabón puede utilizarse para lavarse el cuerpo o la cara, para la ropa, los platos… Al contrario de lo que mucha gente piensa, elaborar jabones no es algo del otro mundo. Puedes estrenar aceita para tus jabones, o bien como he mencionado antes, reutilizar algún aceite que ya hayas usado y no quieras deshacerte de él.

Para empezar, lo que necesitaremos será unos guantes, para proteger la piel de los posibles efectos secundarios que se deriven de hacer jabón. También es importante tener a mano unas gafas protectoras. El recipiente que vamos a utilizar ha de ser de barro o de cristal, incluso de plástico, pero nunca de metal. La cuchara tampoco ha de ser metálica, sino de madera o de palo. Para moldear el jabón, puedes utilizar una caja de madera, aunque en general, cualquier molde que no sea de metal, nos sirve.

Los ingredientes para fabricar un kilo de jabón son los siguientes:

– 720 gramos de aceite de oliva virgen (en caso de ser jabón para uso personal) La mezcla de aceites forma parte del arte de fabricar jabones, como por ejemplo, combinar aceite de coco con aceite normal.

– 105 gramos de sosa cáustica. Si es para uso doméstico en lugar de ser de uso corporal, recomendamos utilizar 210 gramos de sosa.

– 250 gramos de agua (si es destilada, mejor que mejor)

– Las esencias aromáticas son una opción a elegir, no es necesario pero siempre aporta valor añadido al jabón. Si quieres añadir hierbas aromáticas, te aconsejo que la proporción sea como máximo de un 15% en proporción a la cantidad de aceite que eches.

Instrucciones:

Lo primero que vamos a hacer será mezclar la sosa con el agua. Hay que tener mucho cuidado a la hora de manipular la sosa porque es muy corrosiva, y si se vuelca mal o de golpe, puede reaccionar de forma violenta. La clave está en dejar caer la sosa suave y lentamente sobre el agua mientras se va removiendo. La mezcla se irá calentando, e incluso hasta puede llegar a hervir. Pero es algo normal. Después hay que dejar enfriar la mezcla durante 4 minutos, aproximadamente.

Después se añadirá el aceite, también de forma pausada y combinándolo con los movimientos de cuchara alrededor de la mezcla. Es importante que la sosa no deje grumos, pues tiene que ser aceite sobre sosa, y no al revés) Hay que remover con intensidad para eliminar grumos, y cuando la combinación de líquidos esté lo suficientemente espesa (cuarenta minutos después de remover) es hora de dejar reposar la mezcla entre 8 y 12 horas. A lo largo de estas horas, será esencial batir la mezcla varias veces, de forma ligera.

Ya, al día siguiente, podrás añadir todas las hierbas aromáticas y esencias de tu gusto, ya sea avena seca, aloe vera…lo que más te apetezca. Acto seguido, tendrás que batirlo todo nuevamente hasta obtener una pasta homogénea. Aquí es donde entran en juego los moldes que hayas seleccionado previamente. Antes de derramar el contenido en ellos, es mejor que los forres con papel aluminio o alguna tela fina para evitar que el molde en sí acabe estropeado o se quede adherido a la superficie del molde.

Solo tendrás que esperar entre cuatro y siete días para poder cortar el jabón en trozos sin miedo a que se deshaga. Los sacas del molde y aún lo notarás blando, pero es normal. Tras su corte, es importante dejar que madure el jabón, que termine de endurecerse y se saponifique. Para ello, tendrás que envolverlo en toallas y colocarlo en un lugar ventilado. Hasta que el jabón no haya madurado, es esencial que utilices siempre los guantes.

Jabones vegetales y animales

Hoy en día los jabones caseros que más se fabrican son los de origen vegetal. La fabricación de jabones de origen (grasa) animal se llevaba a acabo hace muchos años porque resultaba mucho más económico. Ahora, debido al olor desagradable que desprenden, a la poca gama de colores que ofrecen (tan solo el color café propio de la grasa animal) y al incipiente espíritu ecológico, se ha disparado más la elaboración de jabones vegetales. Los beneficios de los aceites vegetales son mayores, y el trato de la piel es mucho más cuidadoso que la grasa animal. Además de poder crear diversos jabones de colores, formas y olores (lo más importante)

¿Qué diferencias hay entre jabones de sebo animal y jabones vegetales?

Las propiedades de cada tipo de jabón varía según su composición. La mayoría de los jabones vegetales contiene aceite de oliva virgen extra, muy conocida por sus beneficios sobre la piel. En cambio, el sebo animal está hecho con grasa del animal, y normalmente va acompañado de químicos como propiedades sintéticas (leche de burra, pepino, manzanilla, etc…) Al ser sebo de animal su ingrediente principal, el coste de fabricar estos jabones se reduce bastante.

Los jabones vegetales son altamente antioxidantes, ayudan a prevenir el envejecimiento de la piel, mantienen hidratada la piel, dependiendo de la composición vegetal, dotarán de elasticidad y frescura a la piel, y según sus ingredientes a la hora de fabricarlos, se destinarán para pieles delicadas, grasas, zonas de la cara, manos, o para el cuerpo.

Los jabones de origen animal, a pesar de ser más baratos, resecan mucho la piel, provocan una especie de picor y una sensación de estiramiento. De ahí que la mayoría de este tipo de jabones se haya retirado del mercado. Los componentes principales de un jabón de grasa animal son los palmitatos, estearatos y oleatos de sodio o de potasio.

La fabricación de jabones vegetales se basa, en su mayoría, de aceites (de oliva mayoritariamente) En cambio, la fabricación de jabones de origen animal tienen varias fuentes de fabricación: el sebo, la manteca, la lanolina…

El sebo se obtiene de la vaca. También puede obtenerse de carneros y de ovejas, pero es más duro y menos habitual. El sebo situado alrededor de los riñones suele ser el de mejor calidad, recibiendo el nombre de “sebo en rama”. Las propiedades del sebo se pueden equiparar a la manteca de cacao, ya que proporciona dureza al jabón. Suelen ser jabones duros, blancos y el porcentaje de grasa que contienen ronda entre el 20% y el 40%. En otros casos, también se utiliza el jabón de sebo con el aceite de coco, combinando ambos elementos en un 50%.

La manteca es otra fuente de grasa animal que proviene únicamente del cerdo. Su tacto es más blando, pero tiene un olor muy fuerte que, en ocasiones, resulta desagradable. Se solían utilizar para quitar las manchas de la ropa, pero también tiene propiedades que suavizan la piel, aunque el olor sigue siendo el principal problema del compuesto de este tipo de jabones.

La lanolina se obtiene de la lana de las ovejas, y se solía utilizar para sobreengrasar los jabones. Su composición química es similar a la de la cera, y también proporciona suavidad a la piel, aunque el tacto es más empalagoso.